La tipografía no es decoración, es comunicación
Antes de leer una sola palabra, ya estás leyendo la tipografía. El peso de una letra, el espacio entre líneas, la forma de un trazo: todo eso habla antes que el contenido. Una fuente mal elegida puede hacer que un buen texto parezca descuidado. Una bien elegida lo hace sentir inevitable.
La tipografía tiene reglas, pero no para limitarte sino para que el lector no tenga que esforzarse. Cuando el texto fluye sin que nadie note cómo está compuesto, la tipografía está haciendo su trabajo perfectamente.
No se trata de usar muchas fuentes ni de seguir tendencias. Se trata de elegir con intención: ¿qué quieres que sienta quien lee? ¿Solidez, elegancia, cercanía, urgencia? Cada familia tipográfica carga con una historia y una personalidad. Conocerlas es la diferencia entre diseñar y decorar.
La mejor tipografía es la que nadie nota. La peor es la que no se puede ignorar.

